Todos debemos poner el hombro

Alan Fairlie

El entorno

Estamos en pleno desarrollo de una situación extrema que afecta el mundo. Ha puesto en evidencia, las fallas y vulnerabilidades que tienen los sistemas económicos y sociales de nuestros países. También la pugna a nivel global por las hegemonías, y los diferentes enfoques y estrategias que se impulsan. Políticas y acciones de monopolizar de un lado, patentes o vacunas posibles, frente a extraordinarias muestras de solidaridad y humanidad, pese a recursos limitados. Se requiere más que nunca la mayor cooperación internacional, con organismos de  Naciones Unidas (como OMS-OPS, que hacen una extraordinaria labor), intergubernamental, y de los organismos de integración regional (que como la Unión Europea, afrontan hoy un reto gigantesco)

Sin la distancia social, colapsan los sistemas más avanzados de salud en el mundo, inclusive en los países desarrollados. A los efectos directos económicos de la pandemia de: menor producción, corte de las cadenas globales de valor, reducción del comercio, volatilidad cambiaria y financiera, crisis aguda de servicios (turismo, transporte, etc); se suman los derivados de las cuarentenas y la reducción para ello de las actividades a los servicios básicos indispensables. Atenuar los efectos de la pandemia, agudiza la crisis económica.

Países como el nuestro, muestran todas sus vulnerabilidades, en lo económico y social. Una inversión en salud por debajo del  promedio latinoamericano durante años, así como en educación, ciencia y tecnología, reflejan hoy sus múltiples consecuencias. La importante informalidad de la economía, su escasa diversificación productiva, los pocos eslabonamientos internos entre sectores y al interior de ellos, las brechas de  productividad, empleo e ingresos, se agudizan con los efectos económicos externos negativos. Y, tenemos un gobierno de transición, un Congreso juramentado que no opera, en medio de una crisis de corrupción y de institucionalidad significativas.

En ese contexto, las autoridades están haciendo lo que pueden. Aunque se puedan discutir demoras, ineficiencias o limitaciones, se han tomado decisiones en la dirección correcta. Hay problemas que son estructurales, como hemos señalado antes, y hubieran explotado a cualquier gobierno. El desafío es aportar constructivamente desde todos los sectores, y cerrar filas en la  lucha contra la pandemia, sin politizar el asunto. 

Frente Salud

Se debería convocar lo mejor que tiene el  país a nivel científico, salud y economía. Está bien que el  Jefe de Estado se ponga a la cabeza del problema, pero debería estar acompañado de nuestros mayores científicos para la estrategia en salud. Se convocó una primera comisión en el ministerio, esta debería ser multisectorial y el nuevo ministro articularla. Se necesita cuantificar necesidades de equipos en primer lugar para los  profesionales de la salud, que son la primera línea de combate. Tienen que estar debidamente protegidos y equipados. Esa comisión, no solo debe ver el corto plazo, sino buscar iniciar el  cierre de las brechas estructurales. Nuestros expertos saben lo que se necesita, y hay voluntad política. Esto debería marchar rápidamente, repotenciando lo que se está haciendo con el  mayor esfuerzo, pero recursos aún precarios. Se debería convocar universidades con su capital humano y laboratorios, a las Fuerzas Armadas, no exclusivamente para el rol de cumplimiento de la emergencia, sino para la tarea estratégica y logística. No solo tienen capacidad, sino disciplina y políticas para situaciones extremas.

Frente Económico

También aquí se han tomado medidas en la dirección correcta. A nivel tributario, para las mipymes, los fondos para sectores más vulnerables, aunque con recursos insuficientes.

Pero, aquí hay un problema mayor, un excesivo celo de no intervenir en los mecanismos del “libre mercado”. Se tiene que hacer lo que en otros  países, congelando pago de tarifas de servicios públicos mientras dure la emergencia, se debe convocar a los laboratorios nacionales, el empresariado, para la provisión de bienes y servicios que se requieran, produciéndose localmente y no importando (además hay escasez). Un ejemplo, es la elaboración de mascarillas por la Marina de Guerra, las industrias que están paradas pueden sumarse a un gran esfuerzo nacional, sobre todo la pequeña y mediana. Se necesita una estrategia integral, diferenciada y priorizada, en este terreno.

Se debe impedir el  quiebre de la cadena de pagos, sobre todo si el período de la emergencia se amplía. Está muy bien que coordinen la SBS, BCR y MEF, pero no puede cobrarse intereses si se están refinanciando o postergando pago de créditos en esta coyuntura extrema. Combatir el acaparamiento y especulación, sobre todo aumento de precios, con nuevos instrumentos legales, ya que hay un vacío para hacerlo plenamente ahora. Hay sectores que acumularon y ganaron mucho en el auge, ahora están sufriendo dificultades, pero tienen espaldas financieras para afrontar la situación. Mayor apoyo necesitan las pymes, para poder seguir pagando a los trabajadores y que la merma de producción sea menor. Los trabajadores no deben ser afectados, el gran desafío es como atender el sector informal, más allá de  los dispositivos ya aprobados.

Se requiere una batería múltiple de incentivos y políticas crediticias, tributarias, cambiarias, de ingresos, buscando atender a todos los sectores según su necesidad. Políticas sectoriales (como en el caso de la agricultura familiar que hoy nos salva), comerciales e industriales, microeconómicas, y no solo agresivas políticas fiscales y monetarias. Estas aún son muy tímidas, y las otras inexistentes. Hay que “romper el chanchito”, y poner todos el hombro.

Foto tomada de: rpp

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