Alan Fairlie Reinoso

Al final de una dramática jornada, ese gesto muestra que no hay conciencia de realidad del todavía Presidente. No hay nada que celebrar, los escenarios son bastante complicados.

Votaciones fracturadas

Hay quienes hablan de estrategia fuji-aprista y que el FA fue furgón de cola del fujimorismo. El tema no parece ser tan simple. El Apra votó dividido, a pesar de su tradicional disciplina. Difícil argumentar una alianza fuji-aprista si cuando hay que definir lo esencial de la misma, ese bloque se rompe. Lo mismo Acción popular, que ha sido gobierno y de larga tradición democrática, no se podría decir que es títere del fujimorismo.

Lo del fujimorismo se entiende, la facción de Kenyi votó a cambio del indulto. Veremos si cumplen, previsiblemente en el contexto de la visita papal que buscará la “reconciliación” de todos los peruanos.

Lo de APP es más complejo, una abstención de una agrupación con presencia regional y congresal importante y que busca ser gobierno, avalando lo que denunció en su momento en aras de la gobernabilidad. Argumento similar de NP, no entregar el poder a los fujimoristas, si renunciaban los vicepresidentes, a pesar que uno de sus miembros jugó un rol decisivo en los documentos para probar responsabilidades de PPK y que anunció votaría por la vacancia.

Se ha satanizado la votación del FA, por una supuesta alianza o ser “tontos útiles” del fujimorismo. Sin embargo, su argumentación coincide con los no fujimoristas que han votado por la vacancia. Si hay responsabilidad política en el Presidente debía salir, y renunciar los vicepresidentes que no podían sostenerse. Así, convocarse a elecciones anticipadas para congresistas también.

Estas coincidencias se dan también en el tema de reforma o cambio de Constitución, y necesidad de refundar la República. Aquí convergen el FA y NP, y diversas fuerzas e instituciones progresistas o de izquierda que no tienen representación parlamentaria.

Si se reconfirma el indulto, se producirá un nuevo reagrupamiento al interior del gobierno y las diferentes fuerzas políticas. El frente anti-fujimorista se reacomodará y el país estará partido en dos. El gobierno deberá aliarse con el fujimorismo para gobernar hasta donde pueda, y los cambios prometidos o esperados desde las fuerzas que apoyaron a PPK en esta coyuntura, no se darán. Los costos políticos, credibilidades y posicionamientos futuros, no serán los que ahora parecen tan simples

Lo feo

Terrible que hayan apelado a todo para quedarse en el poder. Pedir la intervención de la OEA como si fuéramos una república bananera, es imperdonable. El alineamiento de los amigos internacionales de PPK, como las clasificadoras de riesgos que anunciaban cataclismos si caía, la campaña orquestada de la prensa metiendo presión y miedo con la vuelta de la dictadura, la intromisión de los curas en un asunto político avalando a PPK en aras de la gobernabilidad, los pedidos de los gremios empresariales pidiendo algo similar. El tema no era si se justificaba o no la vacancia, sino que la alternativa era peor y había que evitarla como sea.

Seguro habrá diferentes interpretaciones. Pero lo que ha quedado no parece una salida a la crisis, sino el inicio del desarrollo de otra, agudizada por el indulto. Difícil sostener que eso garantiza la gobernabilidad. Elecciones con la decisión devuelta al Soberano, no parece que habría sido un peor escenario. Pero eso no lo sabremos, por el momento

El problema de fondo

El problema es estructural, la liberalización y apertura implementadas desde los años noventa, con la Constitución del 93 creó las condiciones estructurales de la corrupción hoy revelada. La falta de regulación, el no Estado, la privatización de la función pública y las propias políticas, crearon el entorno apropiado para el aprovechamiento ilícito. El modelo de los últimos años no solo no resolvió los problemas estructurales externos, de empleo e ingresos, descentralización, diversificación productiva, informalidad, dependencia primario –exportadora, exclusión social. No evitó la corrupción, se entronizó con la captura del Estado por poderes económicos y fácticos.

El fracaso del intervencionismo anterior, economía cerrada, proteccionismo infinito, distorsión de precios relativos y crisis, corrupción por la discrecionalidad, no pudo ser superado con éxito por el modelo en curso

Ese es el problema de fondo, al que hay que responder. O se hace desde una transformación productiva y un nuevo marco institucional que redefina un equilibrio mercado – Estado, y fortalezca mecanismos e instituciones o cree nuevas, en otra Constitución, o se avanza en reformas de segunda generación para tratar de perfeccionar el modelo actual. Ese es el debate y la decisión que habría que tomar para el Perú del Bicentenario. Para ello se requiere una renovación de cuadros e instituciones, que con elecciones reconfigure la real correlación de fuerzas que permita avanzar en su implementación.

Esa era una forma constitucional de darle salida a la crisis. Ahora le han dado aval al gobierno de PPK hasta que pueda sostenerse, veremos si cambia equipos y políticas o si continúa con más de lo mismo, lo que parece más probable, por el contenido de facultades legislativas enviado al Congreso. Sigue la mayoría fujimorista, y seguirá el modelo actual en el que coinciden (las diferentes facciones existentes).

Se abre una posibilidad de convergencia de las diferentes fuerzas progresistas dentro y fuera del Congreso para presentar una alternativa articulada, pero para ello debe cesar la grita de excomuniones recíprocas que se viene dando, y sentarse a conversar sobre el futuro de la República. Caso contrario, la crisis se profundizará y las salidas no serán ordenadas o pacíficas, sino que reeditarán ciclos indeseables que se han dado en el Perú y América Latina. No estamos para bailecitos.

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