Alan Fairlie

La muerte terrible de jóvenes trabajadores esclavizados en un incendio, por estar encerrados con candados en un container, es algo que debe interpelarnos, indignarnos, pero también llevarnos a la acción. Sean las primeras líneas de solidaridad con las familias y amigos de las víctimas.

Hay quienes han tratado de soslayar la gravedad del hecho, atribuyéndolo solo a la informalidad. Esto es explotación laboral, trabajo forzoso, trabajo esclavo. Lamentablemente, está todavía presente de manera importante a nivel mundial. Lo que no se sabía era que se daba en plena capital de la República, aunque, conocemos de la desigualdad de ingresos, niveles de vida y la segregación y racismo que existen. También lo extendido de la actividad informal, que se explica por la necesidad de la población de crearse sus propias fuentes de trabajo, por una insuficiente acumulación de capital. Un modelo concentrador y excluyente, que necesita urgente y sustancial inversión en ciencia y tecnología, diversificación productiva, que permita la creación de empleos decentes y sostenibles.

Pero, el caso que comentamos, nos retrotrae a períodos del inicio del capitalismo salvaje. Es una evidencia de las carencias y necesidades existentes. Largas jornadas de más de 12 horas para obtener alrededor de 20 soles diarios, encerrados, incluso sin salir para atender sus necesidades fisiológicas. Esto es terrible, porque afecta la dignidad humana y muestra que la clase media y la bonanza que supuestamente había generado el modelo, no es más que una ilusión.

Trabajo forzoso

La OIT, tiene un protocolo, que plantea la eliminación del trabajo esclavo, que debe ser ratificado por nuestros países. Nosotros la hicimos nuestra, y la llevamos al Parlamento Andino, con una propuesta de recomendación (la 333), que fue aprobada por unanimidad.

De acuerdo a estimaciones de la Organización Internacional de Trabajo, en el mundo cerca de 21 millones de personas son víctimas de trabajo forzoso; y 1,8 millones de ellas se encuentran en América Latina y el Caribe. Casi el 90% de estas víctimas son explotadas en la economía privada, principalmente en sectores como la explotación sexual, la agricultura y silvicultura, y el trabajo doméstico. El trabajo forzoso genera ganancias para sus perpetradores de aproximadamente 12 mil millones de dólares anuales en América Latina y el Caribe.

El modelo y las instituciones

En el boom del precio de las materias primas, tuvimos un ciclo de crecimiento que alimentó las expectativas de una sostenibilidad del modelo primario exportador. Como ha ocurrido históricamente, cuando los precios internacionales cayeron y se complicó la coyuntura externa, vino el baño de realidad y la crisis. Caída del nivel de actividad y la recaudación tributaria, de las reservas internacionales, los ingresos fiscales, desequilibrios externos, presiones inflacionarias y cambiarias. Perdimos nuevamente un ciclo de crecimiento, sin reinvertir para diversificar la estructura productiva, expandir la oferta exportable, mejorar la infraestructura y avanzar hacia el desarrollo sostenible.

Los ideólogos y los operadores políticos y mediáticos, quisieron vender la idea de que ya llegábamos al primer mundo y teníamos que ingresar a la OECD. Solo había que persistir en el modelo. Pero, la desaceleración y crisis mencionadas, llevaron a plantear reformas que permitieran avanzar en el mismo rumbo correcto. En este gobierno, esto de tradujo en el “destrabamiento” y las políticas tributarias que eliminarían la informalidad. En realidad se trata de la profundización del modelo, flexibilizando el mercado laboral y los derechos de los trabajadores, relajar los estándares ambientales, y criminalizar la protesta.

Las instituciones no funcionaron, la SUNAFIL en huelga, porque ni siquiera con los que deben fiscalizar las condiciones de trabajo les respetan sus derechos, y se continúa debilitando sus atribuciones. La municipalidad y los gobiernos locales o se hicieron de la vista gorda, o no pudieron hacer cumplir las ordenanzas de clausura, los malos jueces que permitían la evasión de la ley o dilatar y complicar su cumplimiento. El modelo, y sus instituciones, han quedado desnudos. El trabajo esclavo es un extremo, pero se avanza hacia él con la eliminación de los derechos laborales, en curso.

Ratificar protocolo del 2014

El estado no solo debe ratificar ese Protocolo de Trabajo Forzoso, sino fundamentalmente, implementarlo.
Adoptar medidas efectivas para prevenir, identificar y sancionar de manera eficaz el trabajo forzoso; perfeccionar y supervisar la aplicación efectiva de la legislación sobre la materia; así como dedicar esfuerzos para la recuperación efectiva de las víctimas.

Los ministerios y los gremios empresariales, deberían ser los primeros en promoverlo, para por lo menos ganar una cierta legitimidad que les permita seguir obteniendo sus ganancias.

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