Hacia una “Nueva Normalidad”: El trabajo infantil en la nueva realidad social post pandemia del Covid-19

De acuerdo con las estimaciones del Fondo Monetario Internacional, el PBI en el Perú puede llegar a contraerse en un 4,5%, como resultado de una combinación entre i) la caída de las exportaciones de cobre y oro (actividad que representan el 59% de las exportaciones del país),

ii) la afectación de los flujos del turismo nacional e internacional (sector que aporta casi el 4% del PBI y genera alrededor de 500 mil empleos) y iii) la caída del consumo final privado (que representa el 64% del PBI).

Asimismo, al término de la pandemia, debido a la pérdida de los empleos de casi 5 millones de adultos, la «nueva normalidad» se caracterizará por constituir una «nueva realidad social» que girará en torno al empobrecimiento de millones de familias, particularmente de aquellas que  al inicio de la pandemia se encontraban en condiciones de pobreza y de pobreza extrema.

Debido a la desaceleración de la producción, el desempleo abierto y la suspensión de los servicios sociales públicos de protección social a las familias vulnerables, la «reactivación de la economía» para miles de familias será una tarea bastante difícil, ya que debido a las secuelas económicas de la pandemia, en éstas, habrá una mayor pobreza y, consecuentemente, mayor vulnerabilidad.

En la «nueva normalidad», se verá como el aumento del desempleo y la pobreza afectarán severamente el bienestar de miles familias en el Perú, cuyos miembros adultos trabajan en empleos informales, en micro y pequeñas empresas o por cuenta propia; de igual manera, la

«nueva normalidad» afectará a los jóvenes y a las mujeres, quienes al inicio de la pandemia ocupaban una proporción importante de los empleos urbanos.

En este contexto, por el deterioro de la economía, se entrará en un proceso de precarización laboral y, además, habrá un incremento del comercio informal, se incrementarán las actividades marginales de generación de ingresos y se desembalsará la delincuencia urbana. Pero, el desempleo y el empobrecimiento de las familias, no sólo afectará a los adultos (varones o mujeres) y a los jóvenes que habían ingresado a formar parte de la PEA; la situación económica, sin duda, creará también una «nueva realidad social» que afectará a los niños, niñas o adolescentes, no sólo porque se habrán empobrecido junto a sus familias y se habrán afectado sus Derechos, sino porque se verán obligados a ser parte de las estrategias que sus familias lleven a cabo para la satisfacción de las necesidades básicas, ingresando a los circuitos del «trabajo infantil», con las consecuencias que ello supone, tanto para el propio niño, niña o adolescente como para la sociedad, porque con éste se reproducirá en su futuro, la pobreza que en el presente se busca solucionar.

Así, debido a la relación que existe entre la pobreza y el trabajo informal, puede presumirse que, en la post pandemia, el incremento del trabajo informal tendrá incidencia directa en el incremento del «trabajo infantil», pudiendo presagiarse que en la «nueva realidad social» post pandemia, se incrementará la tasa de niños, niñas y adolescentes que trabajen e, incluso, habrá una mayor insensibilización ante las «peores formas de trabajo infantil», incluyéndose en éstas a la indiferencia ante la explotación comercial infantil y la servidumbre por deudas.

Efectos de la pandemia por COVID-19 sobre el «trabajo infantil»

De acuerdo con los datos proporcionados por la Encuesta Nacional Especializada de Trabajo Infantil (ETI, 2015), de los 7’573,500 niños, niñas y adolescentes entre 5 y 17 años de edad que en dicho año vivían en el Perú, 1’974,400 se encontraba realizando alguna actividad económica, lo cual representó el 26,1% de la población total de niños, niñas y adolescentes.

De acuerdo con los datos existentes, en promedio, 1 de cada 4 niños, niñas y adolescentes trabaja en calles, minas, talleres informales, servicio doméstico, plantaciones agrícolas y otras ocupaciones.

Según la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO, 2018), entre los años 2012 y 2018, se registró en el Perú una disminución del «trabajo infantil» (como puede apreciarse en el Cuadro N° 1), pasándose de una tasa de ocupación de niños, niñas y adolescentes del 31,7% al 26,1%, lo que equivale a una reducción de 5,6 puntos porcentuales; sin embargo, pese al avance observado en la reducción del «trabajo infantil» en el Perú, las estimaciones sobre los efectos regresivos asociados a la pandemia por el COVID-19, indican que éste podría tener un incremento al término de la pandemia y podría mantenerse –como una meseta– durante la post pandemia, afectando negativamente los indicadores económicos y sociales.

Así, en base a las proyecciones de la OIT y la CEPAL (junio, 2020), es de tenerse en cuenta que la tasa de

«trabajo infantil» en el Perú podría tener un incremento que oscilaría entre 1% y 3%, lo cual tendrá graves consecuencias en la economía, debido al impacto que éste tendrá en el trabajo formal y en el trabajo adulto, más aún si se tiene en cuenta que serán cerca de 20,000 niños, niñas y adolescentes los que podrían ingresar a la «situación de trabajo infantil».

Sin duda, los impactos económicos de la emergencia sanitaria podrían tener un efecto regresivo con respecto a los avances obtenidos en la reducción del «trabajo infantil» y, en particular, en las modalidades de «trabajo peligroso», las que concentran la mayor cantidad de niños, niñas y adolescentes que trabajan en calles, minas, talleres informales, servicio doméstico, plantaciones agrícolas y otras ocupaciones; asimismo, tendrá un impacto en el incremento de las «peores formas de trabajo infantil», incluidas en éstas la explotación sexual comercial infantil.

Aunque no existe bibliografía al respecto, debido al rápido empobrecimiento de las familias, es de presumirse que al término del confinamiento obligatorio, en la «nueva normalidad», en la realidad social post pandemia del COVID-19, habrá más niños y niñas en «situación de trabajo infantil» y, asimismo:

  1. Habrá más niños y niñas expuestos a la mendicidad por sus propios padres o por sus cuidadores.
  2. Habrá más niños, niñas y adolescentes que se integren a las «peores formas de trabajo infantil», incluida la explotación sexual comercial.
  3. Habrá nuevos niños y adolescentes que «ingresarán a la calle» y socializarán en ella expuestos a desarrollar una serie de conductas de riesgo, comprometiendo sus Derechos a la Educación y la Salud, principalmente.

Un dato adicional que refuerza la hipótesis del incremento del «trabajo infantil», es que de acuerdo con los datos proporcionados por la ETI-2015, los padres o familiares con que viven los niños, niñas y adolescentes son los principales beneficiarios del «trabajo infantil», siendo éstos el 65,4% del total, mientras que sólo el 14,2% de niños, niños y adolescentes son los que trabajan para sí mismos.

Asimismo, es de señalarse que el 41 % de adolescentes que forma parte de la PEA entre 14 y 17 años no estudia, quedando en escazas posibilidades de salir de la pobreza; situación que también podría aumentar durante la post pandemia y, sin duda, afectar «nueva realidad social», con las graves consecuencias que ello supone para nuestro desarrollo.

Foto: Agencia de Noticias Andina

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