Crisis internacional e integración regional

Publicado en: IDEI PUCP

La crisis andina actual es una de las más graves desde la fundación del acuerdo de integración. Hay un problema estructural que tiene que ver con las diferentes estrategias de desarrollo y de inserción internacional de nuestros países.

Colombia y Perú, partidarios del “nuevo regionalismo”, donde se plantea la articulación de un proceso de liberalización y apertura compatible con la normativa multilateral. Regionalismo principalmente norte-sur, que no solo garantiza acceso a mercados, mayores inversiones, elevación de estándares en disciplinas, sino que hace permanente las políticas de los años noventa. Los tratados de libre comercio con países desarrollados son en ese sentido estratégicos, para consolidar una forma no solo de inserción internacional sino de desarrollo. Se planteó que podía existir una convergencia con los acuerdos regionales de integración sur-sur, como la CAN. Pero está claro que si hay conflicto, la prioridad está en los TLCs. Así lo prueba la conducta del gobierno peruano en su agenda de implementación que ha implicado modificación de la normativa comunitaria, particularmente en propiedad intelectual. Colombia tiene mayores intereses involucrados en la CAN y ha tenido una posición más equilibrada, pero en última instancia, ante un acuerdo del Congreso norteamericano de su TLC, también hará las modificaciones que sean necesarias, tal como demuestra su apoyo sistemático al Perú en las discusiones que al respecto se han dado en la CAN.

De otro lado, están los países que han recusado las políticas del Consenso de Washington y que están implementando estrategias de desarrollo diferentes, donde se retoma el rol del Estado como crucial para el control de excedentes y el intento de políticas redistributivas y sectoriales. Los TLCs son instrumentos que limitarían la soberanía estatal y el margen de políticas de gobierno que necesitan para impulsar dichas estrategias. Pero, además, se plantea que hay una incompatibilidad con la integración andina, no solo porque se pierden instrumentos fundamentales de la integración (franja de precios, arancel externo común), sino porque hay compromisos en disciplinas que son OMC plus y que, o violan la normativa comunitaria, o van mucho más allá de los compromisos actuales (propiedad intelectual, compras públicas, inversiones y servicios, etc.). La prueba de esta incompatibilidad estaría justamente en las modificaciones que se han tenido que dar para que el Perú pueda implementar su TLC con EEUU.

Más allá de las posiciones sobre el TLC con EEUU, este ha jugado un rol de profundización de la crisis que era previa. Se había logrado una zona de libre comercio, pero fracasaron los intentos por consolidar una unión aduanera. Se dieron avances en la institucionalidad y en otros ámbitos como el financiero, educación, salud, solución de controversias, y normativa en diferentes disciplinas, pero no se avanzó lo suficiente. Muchas veces, inclusive se daban mayores concesiones a socios extrarregionales en otros foros de negociación. Estos problemas internos del proceso de integración, se agudizaron con el cambio de estrategias de desarrollo de los países miembros y su diferente posición frente a los TLCs.

Con la Unión Europea, en principio, la situación era diferente. Su mandato negociador planteaba la negociación en bloque, y explícitamente el fortalecimiento de la integración andina y la normativa comunitaria. Estaba la dimensión de la Cooperación y Diálogo Político, y no era un TLC como el de EEUU. Efectivamente la UE había dado concesiones en otros acuerdos Norte-Sur que planteaban diferencias importantes en las modalidades y contenidos de los que implementaba EEUU, y había márgenes para una negociación diferente. Las diferencias entre los andinos llevaron a una imposibilidad de la negociación en bloque. Europa acepta una negociación “multipartes”que en la práctica era bilateral, y los otros pilares o mesas de asimetrías y trato especial y diferenciado o fueron eliminadas, o pasaron a un segundo plano.

Esto llevó a un entrampamiento como el que se produjo con EEUU. Los que cuestionan ese TLC señalaron que el de UE era similar, y Perú y Colombia decidieron seguir avanzando y están dispuestos a una firma pronto.

La cuestión está en si el proceso de integración es capaz de conciliar estas diferentes estrategias de desarrollo y de inserción internacional, tal como se plantea en los acuerdos de Tarija, de modo tal que nadie impone al otro su punto de vista, sino que se avanza según el interés de cada país sin romper el Acuerdo.

A esta situación se le han añadido factores de orden político que han llevado a que Colombia y Ecuador hayan roto relaciones diplomáticas, y que Perú y Bolivia estén al borde de hacerlo, en una situación inédita en las últimas décadas. Hay un trasfondo ideológico en estos incidentes, en la invasión colombiana a territorio ecuatoriano para atacar una base de las FARC, la que señalan los colombianos habría tenido apoyo o permisividad del gobierno ecuatoriano. Mientras que Perú hace operaciones conjuntas de patrullaje con Colombia y apoya su estrategia. Antes no se había llegado a una injerencia en políticas domésticas en temas tan sensibles.

En el caso del conflicto peruano-boliviano ha sido por el tema del TLC, pero se asoció la discusión a las casas Alba, al asilo otorgado por Perú a acusados de crímenes por represión indiscriminada, y se suma el tema de la mediterraneidad y cómo se afectaría por la demanda marítima de Perú a Chile en la Haya. Aquí no solo hay un problema ideológico, sino histórico muy sensible, que no ha sido manejado adecuadamente. En Ecuador denunciaron al ministro de defensa colombiano, y allí han respondido enjuiciando al presidente Correa, por temas asociados a la incursión colombiana a territorio ecuatoriano.

Estos problemas políticos no crean precisamente el mejor clima para una discusión serena y el enfrentamiento adecuado de los problemas de la integración, respetando a cada cual sus estrategias adoptadas nacionalmente.

Por si fuera poco, se presenta ahora la coyuntura de la crisis internacional. Frente a ella los gobiernos han adoptado diferentes políticas, algunas comerciales. Es el caso de Ecuador que aplicó salvaguardias que llevaron a una denuncia de sus socios en el Tribunal Andino, que parcialmente ha sido superado con el anuncio de restitución de las preferencias arancelarias regionales que habían sido suspendidas. Pero, nuevas medidas por salvaguardia cambiaria a Colombia, está configurando un nuevo contencioso (en vías de solución gradual).

La aplicación de políticas de defensa comercial por los socios, afectará el comercio intrarregional. Pero lo más grave, es que con el contexto anteriormente señalado se está imposibilitando en la práctica que el acuerdo de integración sea un instrumento para enfrentar la crisis. Más bien, la crisis internacional podría agudizar aun más la crisis andina.

Hay diferentes escenarios que pueden darse. Lamentablemente las posibilidades de un colapso del acuerdo, por lo menos en términos comerciales, están adquiriendo mayor probabilidad.

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