UNASUR en crisis

Luego de la Cumbre de las Américas, 6 países decidieron suspender su participación en el  bloque de integración, hasta que se nombre al secretario general, cargo vacante hace dos años.

Se tuvo años de apogeo, cuando a la agenda de infraestructura con el IIRSA, se sumaba una actividad importante en temas de defensa, medio ambiente, y aspectos no económicos. Inclusive, se resolvió delicados conflictos regionales, y crisis democráticas.

Era prácticamente el único espacio de coexistencia de países de la Alianza del Pacífico con los del Alba, en el otro extremo ideológico. Tuvo dinámica presidencial, sirvió también para diálogos con los BRICS y otros acuerdos y foros extra-regionales. La proyección conjunta de Sudamérica al mundo y el fortalecimiento de una integración regional, parecía posible. Más allá de las diferencias ideológicas, de estrategias de desarrollo y de inserción internacional de sus miembros.

El debilitamiento del polo progresista, rompió el equilibrio existente y hay una ofensiva-justificada o no- contra el gobierno venezolano, funcional a los intereses y política exterior de la superpotencia. La crisis económica y política, ha pasado factura, y UNASUR ha perdido dinamismo, pero también CELAC. De un esfuerzo autónomo regional de política exterior, hemos caído en una política más bien “coincidente” con el hegemón.

La no definición de la secretaría general, es pues la punta del iceberg, o el pretexto para la crisis. La falta de flexibilidad de Bolivia y Venezuela, sin duda ha jugado un rol. Ahora en total posición de debilidad, tendrán que transar no solo el cargo, sino con una reestructuración del organismo. Este se limitará en el mejor de los casos, a un rol de coordinación de lo existente en los otros acuerdos que coexisten en Sudamérica.

Un escenario es que la crisis se “supere” de esa manera, en realidad, casi el mejor. Otra posibilidad, es que virtualmente se elimine el acuerdo, como quieren algunos enemigos de la integración. Allí se abren por lo menos dos nuevos escenarios. Uno, que los acuerdos de integración: CAN, Alianza del Pacífico, Mercosur, se relanzan, y UNASUR es efectivamente una instancia de coordinación. Inclusive, podría auspiciar la convergencia ente estos acuerdos, como fue la posición en un momento de la Cancillería peruana y luego eje central de política de la presidenta Bachelet. Coincidente, además, con propuestas del BID-INTAL, CEPAL, CAF, hasta el Banco Mundial, que veían las cadenas regionales de valor, la facilitación del comercio, y la infraestructura y corredores logísticos, como instrumentos idóneos para conseguirlo.

Otra posibilidad, es que los anti-integracionistas vayan por más. Es decir, continúe la ofensiva para en la práctica no solo liquidar UNASUR, sino también los acuerdos del “viejo regionalismo”. Así quedaría el fortalecimiento de la estrella naciente, Alianza del Pacífico, con los países que se puedan incluir, y políticas bilaterales con socios extra-regionales, eventualmente fortaleciendo también el llamado TPP-11, con la esperanza que retorne EEUU.

Pensamos que la integración sudamericana es una necesidad histórica, no entendemos la actual posición de Brasil, que debería liderarla. Tampoco la intransigencia de otros, que ha dado un pretexto para golpear UNASUR. Se debe continuar desarrollando todos los esfuerzos para que esos años y avances no se tiren por la borda, y se logre una coexistencia de diferentes proyectos de integración con una agenda pragmática y no ideologizada. Todos los países deberían poner de su parte y nosotros seguir bregando desde donde corresponde, para lograr el sueño de los Libertadores.

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