Alan Fairlie

(Artículo publicado en LaMula.pe y Diario Uno)

El Primer Ministro planteó cuestión de confianza del Gabinete al Congreso de la República. No lo hizo por el ministro Saavedra, ni por el primer vicepresidente, ni por su ministro de economía. Lo hace por la cuestionada ministra de Educación. Dicen que no tolerarán el boicot de la reforma educativa, que busca la calidad y el bienestar de los estudiantes. También que hay una labor obstruccionista del Congreso y que no solo no los dejan gobernar, sino que se irán bajando uno a uno a los ministros que la mayoría del Congreso elija.

La coyuntura

El Congreso otorgó facultades legislativas, aprobó el programa de “reconstrucción con cambios”, el presupuesto de la República del 2018. Es decir, las prioridades que ha planteado el gobierno, y con el cual la mayoría del Congreso coincide. Más ampliamente, comparten el sostenimiento del modelo económico en curso.

El gobierno optó por implementar el programa que difundió en la primera vuelta, no el que ofreció a diferentes sectores sociales y laborales (acta firmada incluida) en la segunda vuelta, para ganar las elecciones. Solo el Frente Amplio (FA) planteó una visión alternativa, que incluía la propuesta de una nueva Constitución.

Se ha cuestionado no solo la gestión económica, por errores de manejo en la política macroeconómica, las políticas sociales, el tratamiento a los conflictos de los gremios en lucha (maestros, salud, regiones), la inseguridad ciudadana. Pero la mayor crítica ha sido la influencia de grupos económicos específicos en el manejo de las políticas públicas, algunos señalan la “captura del Estado”, o el gobierno de los lobbies, con escándalos de corrupción que vienen de los últimos gobiernos, pero con acusaciones que salpican las más altas instancias del gobierno actual.

Estos problemas en un contexto de cuasi-recesión de la economía, han implicado una caída vertical en la aprobación presidencial y del gobierno, según las encuestas disponibles.

¿Cuál confianza?

¿Qué es lo que se somete a confianza? El apoyo a la ministra de Educación, parece un pretexto. “Pechar” al Congreso por un modelo económico que comparten, no parece. Tampoco, por asegurar la sobrevivencia futura del gabinete, jugándose el todo o nada. Ya se conocerán las razones. Ni la política macroeconómica, ni menos el modelo en curso, estaban en cuestión, pero la confianza fue denegada y se ha producido una crisis total del gabinete.

Posibles implicancias económicas

Un primer efecto, sería el freno de los indicios de cambio de tendencia reportados en las últimas semanas. En efecto, el BCR y el INEI mostraban algunas cifras positivas luego de largos meses en sectores no primarios (como construcción), y advertían de un rebote estadístico, luego del fenómeno del Niño Costero.

También se habían dado cambios favorables en las expectativas de los empresarios y agentes económicos, lo cual auguraba un aumento de la inversión. Esto consolidaría cifras positivas (aunque bajas) de la inversión privada luego de años, que entrarían en un circulo virtuoso con el aumento de inversión pública programado para el proceso de reconstrucción.

Una crisis política de la magnitud que se ha producido, tendrá sin duda un efecto inmediato negativo en las expectativas y decisiones de inversión de los empresarios que preferirán esperar cual es el desenlace político e institucional. En ese sentido, el impulso aislado de la inversión pública no bastará para la reactivación, y se estaría postergando inversiones que aumenten la capacidad instalada y el crecimiento potencial en el mediano y largo plazo.

En el plano externo, habían aumentado los precios internacionales de algunos metales, lo cual generó un aumento de la producción y exportaciones del sector minero. Asimismo, aumentó la rentabilidad de proyectos en este sector, en el que se anunciaron nuevas inversiones.

Ese cambio positivo, es el que dará algún respiro, ya que salvo las inversiones extranjeras ya comprometidas, es previsible un compás de espera en nuevos flujos, sobretodo de corto plazo. Más aún, si las brechas de tasas de interés internacional y doméstica aumenta, por los cambios en la política monetaria de la reserva federal y el BCR.

Hay períodos en el que el ciclo económico parece desconectado del ciclo político. Este no parece ser el caso en el período actual. En efecto, los errores en la gestión económica y política en el gobierno de PPK, sumado a los factores mencionados al inicio, han llevado a una alarmante caída de la aprobación presidencial y del régimen.

Hemos entrado a un escenario peligroso, donde se están cargando las apuestas entre disolución del Congreso y vacancia presidencial. Se abre también la posibilidad de volver a retomar el parteaguas de las elecciones, con propuestas de un cambio de modelo económico y nueva Constitución. Dependerá del realineamiento de fuerzas políticas en el Parlamento y fuera de él. Las fuerzas del cambio deberían estar, unidas en la acción, a la altura de las circunstancias.

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