Venezuela

El sábado 12 se publicó un oportuno comunicado de Cancillería(CO-028-17),donde señala:

“Una negociación de buena fe, con objetivos claros y plazos precisos, es la única vía aceptable para recobrar la democracia en Venezuela. Todo intento interno o externo para recurrir a la fuerza socava el objetivo de restaurar la gobernabilidad democrática en Venezuela, así como los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas. El Perú rechaza cualquier amenaza o el uso de la fuerza no autorizado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

La escalada contra el gobierno venezolano encabezada por los países de la alianza del Pacífico, especialmente Colombia, México y Perú, tuvo su clímax con la declaración de Lima, donde no reconocen la asamblea constituyente de ese país, y denuncian la ruptura del orden democrático. Poco antes, Mercosur (finalmente cedió Uruguay) suspendió a Venezuela, en cumplimiento de la violación de su cláusula democrática. No la expulsaron y tampoco a los embajadores de Venezuela en esos países.

Aparte del previsible respaldo del ALBA a Venezuela, también han reconocido la asamblea países como Rusia y China. Estos privilegian el principio de autodeterminación de los pueblos y la no intervención en los asuntos internos de otros países, no la denominada cláusula democrática.

Como no consiguieron los votos en la OEA, se hizo la reunión en Lima para una ofensiva diplomática instrumentalizada por Perú, que busca aislar a Venezuela. Se ha llegado al extremo de expulsar al embajador. ¿Cuál es el problema bilateral que lo justifica? Si fuera el cruce de declaraciones ofensivas, no fue iniciada por el país llanero. Fue PPK en gira por EEUU que habló de nuestros países, como perros que movían la cola.

A continuación se produjo, la inaceptable declaración y amenaza del presidente de EEUU, de una intervención militar.

Oportuna declaración de Cancillería, porque se podrían interpretar los hechos recientes, como una estrategia orquestada para crear las condiciones para tal intervención.

Venezuela encontrará su camino, y los países hermanos deberíamos hacer todo lo posible para ayudar a que haya una salida pacífica y democrática.

Acciones como la expulsión del embajador de Venezuela, no contribuyen a ese escenario, tampoco a la protección de los ciudadanos peruanos en Venezuela y los intereses de nuestro país.

Nos hubiera gustado por ejemplo se tomen esas drásticas medidas cuando las crisis bilaterales lo justifiquen, como en el caso del último espionaje hecho por el país del sur. Allí reaccionaron con suma delicadeza, con notas diplomáticas que no se han hecho públicas aún.

América del Sur debe seguir siendo una zona de paz, y nuestros problemas resolverlos sin intervención de potencias externas, menos si se pretende violar el derecho internacional. La coexistencia pacífica, es otro de los pilares fundamentales de política exterior. Hagamos votos y trabajemos los actores regionales, por una pronta solución pacífica y negociada.

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